​Construir sobre lo construido, no reinventar el país cada cuatro años

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En las últimas décadas, Colombia ha logrado avances importantes en lo social y económico. Sin embargo, persiste una narrativa que minimiza estos logros, sugiriendo que el país ha estancado su desarrollo y que los gobiernos han sido ineficaces. Esta percepción ha distorsionado la realidad, alimentando el discurso político de cambio constante, lo que ha afectado la cohesión social, la confianza en las instituciones y el progreso nacional.Vamos a las cifrasLa esperanza de vida al nacer en Colombia, según el Dane, pasó de 66,8 años en 1985 a 77,1 años en 2015-2020, mientras que la tasa de mortalidad infantil se redujo de 30,4 muertes por cada 1.000 nacidos vivos en 1985 a 12,9 en 2019 (Banco Mundial).En el área de educación, la tasa de alfabetismo en la población de 15 años y más aumentó del 87,6 por ciento en 1985 a 94,2 por ciento en 2018. La cobertura en educación básica primaria, por su parte, pasó del 89,5% en 2002 al 95,6% en 2018 (Dane).El PIB per cápita creció de US$2.421 en 1980 a US$6.390 en 2019, según cifras del Banco Mundial. Y, aunque la desigualdad persiste, la pobreza se ha reducido del 45-50 por ciento en el siglo pasado a 33 por ciento en la actualidad.Estos datos evidencian avances en calidad de vida y acceso a servicios básicos, aunque persisten grandes desafíos y problemas de corrupción que obstaculizan el progreso.Consecuencias de la narrativa negativaLa narrativa negativa sobre los avances del país ha permeado la política y la opinión pública, generando desconfianza y desmotivación, lo que obstaculiza la construcción de una Colombia más sólida y equitativa. Algunas de estas consecuencias son:Desconfianza en las instituciones: se ha erosionado la credibilidad en las instituciones públicas y gubernamentales, dificultando la gobernabilidad y la implementación de políticas efectivas.
Desmotivación ciudadana: se ha erosionado el sentido de pertenencia, aumentado la confrontación con el Estado y fomentado la percepción de que las economías ilícitas son la única alternativa en muchos territorios.
Políticas discontinuas: la tendencia a descalificar administraciones anteriores ha llevado a la interrupción de proyectos estratégicos, afectando la estabilidad de políticas clave.
Improvisación y falta de planeación: en lugar de construir sobre lo existente, cada gobierno ha buscado reinventar el país desde cero, con estrategias apresuradas que muchas veces han carecido de estudios técnicos y viabilidad.
Afectación de la unidad nacional: un país que se percibe permanentemente como fallido se fragmenta. Así, la polarización política se ha exacerbado con cada grupo intentando capitalizar el discurso del cambio absoluto, debilitando la cohesión social.
Falta de visión a largo plazo: se ha dificultado la construcción de un proyecto nacional de desarrollo a largo plazo.Colombia necesita enorgullecerse más allá de Shakira, James o Falcao. Necesitamos reconocer los progresos para avanzar en metas comunes y plantear estrategias duraderas.Propuestas para cambiar la narrativa y fortalecer el desarrolloPara transformar esta visión negativa, es necesario cambiar cómo el Estado, la sociedad y los actores políticos comunican y planifican el futuro del paísDivulgación de información objetiva y basada en datos: fundamental que medios de comunicación, academia y gobierno difundan información precisa sobre los avances del país y comuniquen de manera clara de cara a la ciudadanía.
Educación cívica con énfasis en la construcción de nación: incorporar en los currículos educativos contenidos que resalten los logros nacionales y fomenten el orgullo patrio.
Reconocimiento de gestiones anteriores: adoptar una cultura política que valore los avances alcanzados en administraciones previas y busque mejorar sobre lo construido.
Continuidad en proyectos estratégicos: un pacto nacional por la infraestructura, la educación y el desarrollo económico para evitar que cada gobierno reinvente la agenda del país.
Promoción de la participación y corresponsabilidad ciudadana: construir un país es tarea de toda la sociedad, no solo del gobierno. Se requiere aportar propuestas, ejercer control ciudadano y contribuir con conocimiento. Universidades, gremios y centros de pensamiento desempeñan un papel clave.Un discurso político basado en soluciones y no en críticas: los líderes deben adoptar un enfoque constructivo en el debate público, priorizando propuestas en lugar de basar su estrategia electoral en la descalificación del pasado.Colombia no es un país estancado ni un proyecto fallido. Los avances son significativos, pero la narrativa negativa frena el desarrollo. Es hora de cambiar la forma en que entendemos y comunicamos el progreso, adoptando una visión de largo plazo que trascienda intereses políticos.Es hora de dejar atrás el discurso de improvisación y descalificación. Colombia necesita avanzar en la misma dirección, consolidando los logros alcanzados y enfrentando sus desafíos con responsabilidad y visión de futuro. Construir sobre lo construido no es conformismo, es la única forma real de avanzar.Rocío Pachón, experta en seguridad, estabilización territorial, construcción de paz y cooperación internacional

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