Desde las 12:50 p. m., el presidente Gustavo Petro apareció en la Plaza de Bolívar para hablarles a las personas que acudieron allí para apoyar las reformas del Gobierno y lo hizo por casi 30 minutos, aunque su mensaje, por momentos, se fue a extremos que muchos de los que escuchaban no entendían.
Petro no habló directamente de las reformas, aunque se supone era el eje central de la manifestación. Habló de Cristo, del Joe Arroyo, de las mariposas de Gabriel García Márquez, atacó a Galán por el racionamiento del agua y criticó a los senadores que no apoyan sus proyectos. De su boca no salieron propuestas para que las personas se unieran a la consulta popular, con lo que se confirmó que la idea de hacer estas marchas era más una convocatoria para medir su fuerza política que la real aprobación de las reformas.
Estas fueron todas las palabras que dijo durante la tarde de este martes, frente a unas 5.000 personas, la mayoría de ellas de centrales obreras, organizaciones sociales, comunidades étnicas, estudiantes, entre otros:
Declaraciones de Gustavo Petro hoy, en la Plaza de Bolívar
Su paso por el centro de Bogotá fue otra oportunidad para ser monotemático. A pesar de que a pocos metros de él se estaba debatiendo la continuidad de la reforma laboral (razón por la que muchos representantes de las centrales obreras acudieron a su llamado de movilización), el presidente volvió a recurrir a Simón Bolívar y a la campaña libertadora, a usar ejemplos de Jesús y “su justicia social”, a atacar al Congreso por no aprobar las reformas como él quiere (diciendo que es lo que pide el pueblo), a decir que es el “último” Aureliano y a repetir lo que ha dicho en otras oportunidades. Así pues, desperdició la convocatoria, que no estuvo tan llena como la quisieron mostrar en televisión, para hablar sobre los temas que realmente son de interés común.
Aunque es el presidente del país, sus primeros minutos parecían más un sermón de iglesia. Aunque siempre han existido las dudas de sus creencias religiosas, ahora, en cada aparición pública en Bogotá, habla sobre Cristo, las enseñanzas de Jesús. De hecho, a raíz de esto, muchos recuerdan cuando en una entrevista dijo que no era “tan rezandero”.
Una vez más, aprovechándose de que llegaron varios representantes de las comunidades negras e indígenas, el presidente hizo referencia a Haití, a San Basilio de Palenque (primer pueblo libre de América) y hasta de la esclavitud. Pero eso nada tenía que ver con las propuestas de las reformas y de la consulta popular.
Lo que sí hizo en esta aparición fue comportarse como un candidato que busca votos. Escucharlo este 18 de marzo, fue escuchar al Petro que buscó por 8 años el lugar en la Casa de Nariño que hoy parece despreciar. Centró su emperipetado discurso en hablar de los “poderosos”, de los “ricos”, de los “senadores”, pero poco de lo que realmente está haciendo por el país y de cómo sacar adelante las ideas que él considera son las que lo llevaran a consolidar el cambio que prometió.
De la reforma laboral que está a poco de hundirse por segunda vez, esta vez en la Comisión Séptima del Senado; de la reforma a la salud, que nada que avanza en el Congreso; o de la reforma pensional que está muy demandada, hubo pocas palabras, por decir que casi ninguna.
De hecho, con un tono bastante agitador y esto sí sin usar muchas palabrejas, el presidente les dijo a los senadores que el pueblo los sacará del Senado. Sus palabras no dejan de llamar la atención porque en otros países de la región, los ciudadanos llegaron a quemar el Senado u otros presidentes decidieron disolverlo, lo que provocó una grave crisis social-política.